Hábitos
Somos como niños: Una mini guía para cuidarnos y querernos más

El otro día, hablaba con David sobre algo que desde hace tiempo me viene dando vueltas en la cabeza  ¿por qué se decide que ya no tenemos que cuidarnos por el hecho de que ya no somos niños?

Me explico: cuando somos bebés y niños, nuestros padres se preocupan -y ocupan- porque tengamos suficientes horas de sueño, porque llevemos una alimentación sana, porque nos mantengamos activos, porque socialicemos y tengamos amigos, porque juguemos y que dejemos fluir toda nuestra creatividad y energía, y por un montón de hábitos más. Lo hacen para que podamos crecer sanos y felices.

Pero -¡frenazo!- algo sucede durante la adolescencia que eso empieza a morir y cuando nos hacemos adultos nos olvidamos completamente de ello ¿lo habías pensado? Dormimos menos -y nos sentimos cansados-, nos saltamos comidas o nos alimentamos mal, nos movemos menos y dejamos de jugar y hasta cogemos malos vicios. Y si no me crees, compárate contigo mismo cuando eras peque.

A medida que crecemos, que nos hacemos adultos, dejamos de cuidarnos, cuando en realidad deberíamos de cuidar de nosotros mismos tal y como cuidaríamos de un niño pequeño. Sí, sé que lo que estoy diciendo puede sonar muy tonto o exagerado, pero cuando piensas en ti de esa manera, tú no te harías cosas malas a ti ¿verdad?

Dormir poco, comer mal, no divertirte, pensar negativamente de ti mismo, ser sedentario, coger vicios nocivos… Tú no le harías esas cosas a un niño pequeño, así que ¿por qué hacértelas a ti mismo?

Si somos tan gentiles con los niños, deberíamos ser igual de gentiles con nosotros mismos a medida que crecemos.  Sí, crecemos, pero seguimos siendo seres sensibles  solo que ahora somos más altos y fuertes, más peludos -sí ¡novedad! las mujeres también tenemos vello corporal- y con la voz más gruesa. De la misma forma que nutres y cuidas de un bebé o de un niño pequeño, deberías hacerlo contigo mismo.

Yo en verdad te invito a que hagas el ejercicio y te veas a ti mismo así. Piensa en tus hábitos -lo bueno y lo malo- y en cómo eso contribuye a que seas tu mejor versión ¡por dentro y por fuera!

¿Vas a ir a dormir tarde y no dormir lo suficiente? ¡no! Mejor vete a la cama temprano, a una hora que te permita tener un adecuado descanso. Para mi personalmente, nueve horas es el tiempo perfecto, mínimo ocho para sentirme bien descansada y fresca.

Come sano y come suficiente. No hay que tenerle miedo a la comida, la alimentación es la mejor medicina preventiva. No te saltes comidas… haz tus tres comidas al día y dos meriendas. Evita la comida procesada, los azúcares… ¡sé consiente de cómo nutres tu cuerpo!

¡Mueve el esqueleto! mantente activo. Eso no significa que tengas que apuntarte en el gym, consigue alguna actividad que te guste y que te ayude a mantenerte en movimiento. A mí me gustan muchas actividades como correr, nadar, salir en bici, hacer yoga… y me voy alternando entre ellas.

Trátate bien ¡en serio! no te imaginas lo importante que es. Nadie te va a querer tanto como tú puedes quererte a ti mismo. El amor propio no tiene nada que ver con el ego, es una prioridad y una necesidad. Se trata de honrarte a ti mismo, reconocer tu valor, tu individualidad y tu bienestar. Eres único y ese es ¡tu mayor super poder!

Me gusta pensar en las indicaciones que da la azafata en el avión: antes de ponerle la mascarilla a alguien, póntela tú primero ¡Tú eres la persona más importante del mundo! así que cuídate y quiérete más que a nadie.

¡Mente positiva! 🙂 Sí, sí… sé que puedo sonar hippie o a libro de auto-ayuda, pero dime ¿qué trae de bueno una mentalidad negativa? ¡nada! Nos hace sentir mal, estresados, insignificantes y tristes. Así que trata de enfocarte siempre en lo positivo y el lado bonito de las cosas.

Los niños sueñan, imaginan y viven más en el momento si pensar tanto en el pasado o en el futuro. Quizás por eso son más felices.

Entrena a tu cerebro, repítete a ti mismo frases positivas (hoy va a ser un buen día, qué bonita me veo, hoy me siento bien…) y dale la vuelta a las cosas: si algo sale mal, no te enfoques en el problema, piensa más bien en qué te trae de bueno, cómo te ayuda a crecer como persona, qué aprendizaje te deja.

De verdad, haz ese ejercicio mental, te prometo que ¡vale la pena!

 

Toma tiempo para desconectar y reconectar… ¿Cuánto tiempo pasas con el móvil? ¿en redes sociales? ¿en whatsapp? ¿en video juegos? ¿Dejarías que un niño pequeño lo hiciera? hmmm… ¡yo creo que no!

En los tiempos que corren, todo va ligado a internet, el móvil, las redes sociales… pero ya llegando a un punto enfermizo -si me preguntan a mí- de que algunos sienten angustia al no llevar el móvil. Créeme, a menos que seas un médico que está de guardia ¡no pasa nada! Está bien desconectar y no estar accesible 24/7. El tiempo que pasas en eso podrías aprovecharlo para estar cara a cara con la gente, compartir en persona. El contacto real, es mucho más importante y significativo ¡hazlo!

Para mí, la salud y el bienestar hay que verlos de forma holística: mente, alma y cuerpo; y además, todos son igual de importantes ¿Tú qué opinas?

Un Comentario

  • MARISA LIANI RIPOLL

    12 octubre, 2017

    Es cierto. Debemos cuidarnos y consentirnos tanto como lo hacemos con nuestros. hijos. Seamos un poco más niños. ¿Por qué no?
    Gracias por tus reflexiones 😀

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